Dormimos poco. Las caras
en el desayuno muestran cansancio acumulado. La lluvia aparece. Así seguirá
todo este domingo que acaba de empezar.
Es el día en que las
chicas de Molina Basket jugarán con y contra Irlanda en Belfast. Se dice
rápido.
Nos miman. Vuelven a
acudir puntuales a recogernos. Como cada día. Como siempre. Personas
diferentes, igual de amables.
Al entrar al pabellón del
Methody, vemos las camisetas de la selección de Irlanda. Están ahí.
Antes del primer partido,
Breda recibe un homenaje sorpresa. El City Hall de Belfast la nombra mejor
entrenadora del año. Coach of the year. No sólo de baloncesto. Así, en general.
Le entrega el premio un tipo del ayuntamiento que hace un pequeño discurso.
Habla de ilusión, de
pasión, de todo eso que es necesario para construir un club de baloncesto. Pero
insiste en la palabra “dream”. La capacidad de soñar y de la fuerza de esos
sueños. Tengo el día tonto y me emociona la idea.
Se entrega el premio y
todo vuelve a la normalidad.
La selección de Irlanda
aparece en la pista con su equipación blanca. El rival son las senior de Ulster
Rockets. La entrenadora quiere buscar petos para nuestras jugadoras, pero nos
ofrecemos jugar con las camisetas blancas de Molina Basket.
Sólo la imagen del
calentamiento es para no olvidarla jamás. Allí estamos todos y podría haber
sido cualquiera de las chicas. Pero son Alba, Mar y Mari Cruz quienes están
ahí. Ahí.
Me quedo en el banquillo.
No sé si como entrenador o como intérprete, pero creo que tengo que acompañarlas.
La entrenadora anuncia al quinteto titular. “Mar” es el cuarto nombre que dice.
Realmente dice “Mara”.
Intento corregir. Le repito el nombre varias
veces. Se lo deletreo. Pero sigue siendo “Mara”. Se lo perdono. Soy un tío
comprensivo.
Empieza el partido. Mar lo borda. Es un
privilegio estar allí y ver esos primeros minutos. Las rotaciones comienzan,
pero la entrenadora de Irlanda no sustituye a Mar. ¿Por qué? Porque está siendo
la mejor. En el primer cuarto, anota todos los puntos de la selección de
Irlanda excepto dos. Un lujo. Un privilegio.
Alba sale a pista también
en el primer período. Le insisto a la entrenadora en que ella puede jugar en
cualquier puesto, que no le va a importar defenderse a quien sea. Alba, que
esa noche me contará cómo se quedaba temporadas sin poder jugar al baloncesto
porque no había niñas de su edad, juega ahora con la selección de Irlanda.
Mari Cruz sigue en el
banquillo. Espera y desespera. Salen todas menos ella. En un tiempo muerto del
segundo cuarto, la entrenadora me pregunta si es zurda. No entiendo nada. “¿Le
importará jugar de alero por la izquierda?”. No entiendo nada, salvo que tengo
que decirle que sí, que Mari Cruz jugará de extremo izquierda. De lo que sea. Sin
problema.
La entrenadora la llama y
le explica lo inexplicable. “Juegas por la izquierda”. Mari Cruz sale y juega
por la izquierda. El partido siempre está igualado. Las senior de Belfast
aprietan y las junior de la selección de Irlanda se atascan. Les cuesta salir
de la presión.
La entrenadora me
pregunta si Alba puede jugar de base. Le sugiero que le dé el balón a Mari
Cruz. Aunque no sea zurda. Y todo vuelve a tener sentido. Incluso para la
seleccionadora de Irlanda: Mari Cruz termina jugando de base los minutos
decisivos.
El partido es cada vez
más intenso entra en el último cuarto con ligera ventaja de las Ulster Rockets.
La irlandesa empieza a gritar a sus jugadoras que le den el balón a Mari Cruz,
que lo suba ella. La historia de la suplente que se convierte en extremo
izquierdo, la extremo izquierdo que se convierte en base. No recuerdo a nadie
que se haya hecho jefe tan rápido.
Yo estoy allí para ver la
última jugada. Son momentos que sólo parecen posibles en un partido de
baloncesto. Irlanda pierde de 4 y tiene la posesión. Canasta de una de las
chicas irlandesas y falta personal. 2 abajo. Tiro libre. Quedan diez segundos.
Falla. Irlanda coge el rebote ofensivo. Tiro desde la esquina. Falla. Irlanda
vuelve a coger el rebote ofensivo. Pase a la esquina. Esta vez llegan dos
defensoras a puntear. No hay opción. No hay tiro. Hay pase. A Mari Cruz. Que
lanza de tres.
La bocina suena cuando el
balón va por el aire. Como en las películas.
Silencio. El tiempo se
para, se congela. Hasta que la pelota entra. El ruido de la red hace que el pabellón vuelva a despertar.
La reacción cuando se
gana un partido en el último instante es igual en todos sitios. Los gritos, los
abrazos entre las jugadoras, las manos en la cabeza de los que pierden, el
público en pie que aplaude y sonríe. Una piña de camisetas blancas celebrándolo
en mitad de la cancha, camisetas blancas de la selección de Irlanda con las de
Molina Basket.
Se dice rápido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario