Todo empieza en
Serrerías. Entre maletas y los nervios silenciosos del viaje que está a punto
de arrancar. Entrenadores convertidos en padres; jugadoras convertidas en
hijas.
De camino al aeropuerto,
suena Arctic Monkeys en el coche. Cae la noche. Hablamos de ese Eurobasket que España va a ganar. Seguro.
Nights were mainly made for
saying things
that you can't say tomorrow day
En el aeropuerto. Frente
al Burger King. Es la primera vez que estamos todos. Toda la expedición. Quince.
Trece y dos. Las familias nos arropan hasta el último momento. Hasta donde lo
permite el control de tarjetas de embarque y documentación.
Comprobamos
documentación. Volvemos a comprobarla. Se facturan maletas. Incluso se cena.
Como si se quisiese alargar la despedida. En estos viajes suelen pasarlo peor
quienes se quedan.
Nadie sabe lo que viene
después, pero los que se van tienen la emoción de la aventura. Los que se
quedan sólo pueden esperar. Que todo vaya bien.
Para algunas es la
primera vez en un avión. Hay preguntas, hay dudas, pero también hay ganas de
explorarlo todo.
Somos los únicos
españoles entre más de cien pasajeros. La liamos en el avión antes de despegar.
Un hombre de unos 120 años se gira cabreado y nos manda callar cuando todavía
estamos en tierra.
Se acaba el viernes.
Medianoche. Un grupo de trece amigas a punto de volar hacia Belfast para jugar
un torneo de baloncesto. Hay cosas que no se pueden controlar. ¿Qué esperaba,
caballero?
La seguimos liando, pero
con más calma. Sólo nos llaman la atención un par de veces más. Tampoco es
tanto. Es muy tarde. Noche cerrada. Cae la madrugada, pero nos cuesta dormir.
Hay cosas que no se pueden controlar.
Nos esperan en Belfast.
En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos. No se lo digo a
nadie, pero me da pánico que no sea así. La llegada está prevista a la 1:30,
hora irlandesa.
Algo pasa. La mayoría de nosotros vamos en la parte final del avión. A la mitad del pasillo, cerca de Mari Cruz y
Alba, alguien parece enfermo. Las azafatas van y vienen. Los que estamos lejos
no nos enteramos de nada. Bastante tenemos con lo nuestro.
Mari Cruz, como buena
enfermera, intenta ayudar. No le hacen ni caso. La cambian de sitio y le dan
una botella de agua. Gracias por colaborar.
Tras mucho tiempo a
oscuras, vemos unas luces en tierra. ¿Eso es Londres? No, tiene que ser Bristol.
Ya queda poco. El avión desciende. Me alegro. Es la 1:15. Parece que llegamos
con adelanto.
Me equivoco. Nos avisan
de que hacemos una parada de emergencia porque la persona enferma está cada vez
peor. ¿Esto es Belfast? No, es Bristol.
Aterrizamos. Suben
médicos. Suben policías. Suben bomberos. Pero no baja nadie. Es lo que tienen
los protocolos aéreos.
No nos dejan levantarnos.
Evidentemente, nos levantamos. Nos dicen que dejemos de movernos.
Evidentemente, no dejamos de movernos.
Tras una hora de
evaluación, deciden que es seguro llevarse a la persona enferma. Ahora falta el
papeleo, que nos autoricen el despegue y esas cosas. Yo miro el reloj. Nos
esperan en Belfast. En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos.
Pero ya son casi las 3:00
y estamos en Bristol. Despegamos.
Muchas se rinden y
cierran los ojos.
Aterrizamos en Belfast. Ahora sí. Deben de ser las 4:00.
Nuestra maleta es la última en aparecer. Nosotros somos los últimos en salir.
Nos esperan en Belfast. En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos. Nos lo han dicho. Me lo repito para tranquilizarme. Avanzar por
el pasillo es un acto de fe.
Pero Breda está allí. Breda,
nuestra anfitriona. Como siempre a partir de ese momento. Allí donde la
necesitemos. Nos esperan cuatro coches. Particulares. Pasando la madrugada en
un aeropuerto para esperarnos.
Yo me voy con Breda.
Cogemos un atajo. Me explica que hay cambios en el torneo. Han fallado dos
equipos. Pero nosotros estamos aquí. La niebla nos rodea al cruzar un bosque.
Es un atajo. Lo dice Breda. Aunque nosotros sólo vemos niebla. Acto de fe.
Llegamos al hotel. Tres
estrellas. Moqueta y madera. Irlanda. Repartimos las habitaciones. Dobles. Entrenadores, abajo junto a recepción. Jugadoras, arriba en la planta superior. El
reloj marca casi las 5 de la mañana cuando se deja de escuchar ruido de pasos y
maletas. Hay que dormir rápido, con los ojos apretados.
Mañana está a punto de
empezar.