Vi a Carles sentado solo a pie de pista en el primer partido
de la mañana. Era domingo, el día que él iba a ser campeón. El Pabellón
Serrerías olía a ceniza fría tras del fuego de la noche anterior. Se estaba
jugando el tercer puesto de la categoría cadete femenina, pero parecía que
estábamos solos. Me dio la mano y me dijo:
“Te iba a escribir
anoche, pero decidí no hacerlo. Porque al final quería contarte sensaciones y
es difícil con un mensaje. Si hubiese que buscar una palabra, creo que sería
“corazón”.
Yo he mamado el
baloncesto aquí, en Serrerías, por eso le tengo tanto respeto a esta pista, a estas
canastas, a este pabellón.
Así se lo cuento a mis
jugadores.
Pero es verdad que yo
viví el baloncesto en Molina en otra época. Con el equipo en EBA, en LEB, con
las gradas llenas y la gente ilusionada con un equipo, con un club.
Y todo eso se perdió.
Sin embargo, ayer
volví a ver este pabellón así. Lo normal
es que sólo estén los familiares animando, pero ayer también había amigos de
jugadores, compañeros del instituto que vienen a apoyar a sus colegas de clase.
Aplaudiendo y dejándose la garganta, vestidos con los colores del equipo. Y
encima lo hacían orgullosos porque sus amigos se marcaban un partidazo, porque lo
daban todo.
Y veías en la grada entrenadores
y jugadores del club. Chicos y chicas, mayores y pequeños. Celebrando
emocionados las canastas como si fuesen suyas.
Y mirabas al banquillo
y los que no habían jugado ni un puto minuto eran los que más animaban. A sus
compañeros, a la grada. Era vibrante, era emocionante.
Ayer vi a un equipo, a
un club, capaz de recuperar todo eso que se había perdido.
Eso es “corazón”. Y
eso no se entrena. Se tiene o no se tiene.”
Y según hablaba Carles, yo miraba alrededor y volvía a
recordar la noche anterior. Como imagino que haré durante muchos años. El
ambiente, los gritos, la pasión por competir.
Cosas que van más allá del
baloncesto. La humildad, la ambición, el coraje para levantarte cada vez que te
tiran al suelo.
Cosas que no se entrenan. La fe, la entrega, el fuego, el
corazón.

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