lunes, 5 de agosto de 2013

CUANDO DUELEN LAS PIERNAS

Hace unos años un aficionado le preguntó a Pedro Delgado cuál era el mejor momento para atacar. Fue en una de esas interminables etapas del Tour de Francia, con infinitos planos aéreos del pelotón y ruido de helicóptero de fondo. Tras pensarlo un par de segundos, Perico contestó: “Cuando más te duelan las piernas.” Magistral.

Cuando más te duelan las piernas, porque entonces “también les dolerán a los demás; nadie esperará tu ataque y nadie podrá seguirte.” Y luego a Perico le entró la risa y puntualizó que lo difícil no era saber cuándo atacar, sino encontrar las fuerzas para poder hacerlo cuando llegase el momento.

Esa frase me vuelve a la mente cada cierto tiempo. Sobre todo, cuando la carretera se pone cuesta arriba y se agotan las reservas. Como un espejismo en el desierto. Esos entrenamientos infinitos para un maratón, por ejemplo, intentando darle sentido a un castigo físico absurdo. “Ahora”, me digo, “ahora que estoy reventado es cuando tengo que apretar.

Bien pensado, las palabras de Perico alcanzan una profundidad mayor. Dolor y esfuerzo. Aumentar la fuerza en el momento de mayor sufrimiento. No hace falta hablar de piernas cansadas. Qué va, hombre. Uno se recupera de un maratón al día siguiente. O, como mucho, una semana después.

Pero hay dolores que duran más, esfuerzos que desgastan sin tregua, situaciones que te ponen a prueba día a día. Como los desgraciados que nos levantamos cada mañana sin trabajo estable, fijo o como quiera que se llame. Y nos ponemos a revisar el currículum por enésima vez intentando descifrar dónde está el fallo. Como si hubiese un fallo que descifrar. Y no se puede bajar los brazos. Hay que seguir pedaleando cada día y, si puedes, incluso con más fuerza.

Como los que reciben una patada en la entrepierna. A traición, sin aviso. Y se convencen de que no es una putada, sino una oportunidad de vivir una nueva experiencia. Y lo hacen con tanta determinación que terminan por contagiarte su confianza. Y se animan y se ponen de pie y caminan y aceleran.

Como esos amigos que pierden familiares y reaccionan diciéndote que hay que disfrutar la vida. Que ésa es la idea. Continuar hacia adelante. Encontrar fuerzas cuando más duelen las piernas.

Como Edu Schell, que se quita la toga de bonvivant y se pone el traje de superhéroe. Para salvar a su hijo. Y encuentra fuerzas para enfrentarse al abismo y movilizar a los gigantes más grandes, a todo el universo del deporte, buscando #medulaparamateo

Perico Delgado tenía razón. El momento de apretar los dientes y atacar es ahora. Cuando más duelen las piernas, cuando duelen de verdad, sólo quedan dos opciones: sentarse y resoplar o ponerse de pie y dar todo lo que te quede dentro.

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